ARTISTAS VOCACIONALES: LA MADRE

Pulga

En aquellos tiempos (no os diré cuales) y en aquel país (ni os diré donde) era muy habitual que en los barrios se montaran los llamados “teatros vocacionales”. Conjuntos teatrales formados por personas amigas, vecinos, socios del mismo club y toda clase de soñadores que cumplían con el secreto deseo de ser artistas por unas horas, sabiendo de antemano que no serían contratados por Hollywood pero dándose el gusto de ser admirados y aplaudidos por familiares, amigos, vecinos y demás damnificados.

Mi tío Antonio, por ejemplo, fue uno de esos artistas vocacionales.

Si os contara la clase de obras representadas, los argumentos de entonces, sencillos, dramáticos y a menudo lacrimógenos, dejaríais de leerme…(cosa que tal vez hagáis de todas maneras).

No hay nada más cruel ni selectivo que la memoria: lo digo porque de tantas obras representadas por nuestros artistas de barrio, lo que uno recuerda son las anécdotas, los accidentes, los imprevistos y todo aquello que alguna vez se había salido del libreto para regocijo de la mala gente y su malvada memoria.

“El hijo que al fin regresó” : Se trataba de un drama con una madre moribunda y su hijo mayor; el hijo que había sido expulsado del hogar por haber cargado con la culpa de un delito cometido por su hermano menor (a fin de que éste pudiera casarse con su inocente novia) sacrificio por el que su hermano mayor había pasado una temporada en la cárcel, y había sido despreciado por su familia.

El párroco de la cárcel, al quién le había contado su historia en confesión, lo había comprendido, reprendido y perdonado y ahora, aquel hijo antaño depreciado por su propia madre….era sacerdote!! y venía a darle la extremaunción a ella, a su madre, la misma madre que ahora estaba a punto de irse “a donde no festejan las navidades” (Bret Harte dixit).

No me vais a negar que ante la síntesis del argumento que os he descrito esta terrible historia no os tiene tiesos y sobrecogidos. Pues bien: como os dije, solamente os voy contar un detalle de la puesta en escena de este drama pasional que mi tío Antonio representó en el Club Unidos Venceremos, de aquel lugar que antes os nombré, en aquella calle que tampoco.

Mi abuela (la madre de mi tío el artista) tenia un gran gallinero y una de sus mejores gallinas (la “chueca”, que era bataraza) estaba empollando. La noche anterior había llovido a cántaros y mi abuela cambió de lugar a su gallina para alejarla de donde estaba mojado. Buscó entre las cosas del galpón y en una caja encontró un paño negro que puso debajo de los huevos a empollar.

Llegado el día de estreno mi tío no encontraba la sotana con la que tenía que interpretar al hijo que regresaba siendo sacerdote. Desesperado por la urgencia, por fin dio con ella que estaba debajo de la Chueca, poco tiempo antes de que levantaran el telón.

Wikipedia: Las pulgas de gallina o pollo, pulga común, son parásitos de animales de sangre caliente, pero a diferencia de todas las otras pulgas, son más selectivas sobre el huésped del que van a alimentarse. Esta especie es la más común y la más abundante en las aves de corral.

Mi tío Antonio entró a escena con su sotana arrugada y pulgosa, se arrodilló dramáticamente ante su madre moribunda y mientras se rascaba inconscientemente las picaduras de las pulgas que se paseaban libremente por su sotana, rezó por el alma de su madre y finalmente dijo dolorido:

Dijo “¡¡Pobre madre, como sufre!!”

Y alguien del publico exclamó: “Y que lo digas tú con lo que pica esa sotana”.

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